Siempre que leo a Caparros me sucede lo mismo. Empiezo a leerlo entusiasmado, me atrapa la historia, me pongo en la piel del otro y siento el sufrimiento, me duele, me da bronca y dejo de leer para no hacerme mala sangre. Al rato, no puedo con mi genio y lo retomo… y así continuamente hasta terminar la lectura con mucha bronca pero con mucha satisfacción.
Apenas empecé a leer Misiones me di cuenta que quería comprarme el libro. Me fascina la idea de ver el interior desde los ojos de Caparros, un autor que escribe como lo siente y te trasmite ese sentimiento.
De lo sucedido en Misiones no tengo mucho que escribir. Obviamente una provincia tan alejada de la capital será olvidada como sucede con las provincias del Litoral. Posadas no es una gran ciudad Capital, lo más turístico de Misiones no esta en Posadas por lo que al porteño, al cordobés, al rosarino, al argentino en general, mientras tenga el agüita que cae no le importará el resto.
“En Argentina también tenemos cataratas”. ¿Por qué agregamos la palabra “también”? En Argentina tenemos cataratas y punto. ¿No estaremos mirando demasiado al Norte? Y por mirar mucho al norte nos olvidamos de lo nuestro.
Lo nuestro no solo es Maradona, Gardel y la bolita de la lapicera. Lo nuestro también son las costumbres: el asado, la siesta, el mate. Yo no sabía que ya yerba mate complicase tanto la vida de aquellos que la trabajan. Algo tan nuestro, tan del sur, jodiéndole la existencia a los pobres tareferos. El mate se considera signo de madurez (el hombre se hace hombre cuando se prepara por primera vez un mate y lo toma solo), es la iniciación a socializar (el mate esta para compartir, el que ceba lo hace con amor y mientras uno matea no limpia la bombilla, porque lo que importa es el compartir), es eso que une a ricos y pobres (el mate cheto con sus decorados en plata y pie de cuero, y el matecito de lata de mis viejos, bien chiquito para ahorrar yerba), eso que hermana a los paraguayos, chilenos, uruguayos y argentinos. El mate significa mucho y a todos nos chupa (y no la bombilla) donde arranca el mate. El sacrificio que implica tener nosotros yerba para el mate.
En Misiones, como en toda la Argentina, se sufrió esa década de los 90. El innombrable hizo mierda tanto el sur como el norte argentino. Bajó los precios de la yerba, privatizó toda la zona de Cataratas, en fin: Mendezmizó.
Misiones, tierra de jesuitas. Tierra que los vecinos brasileros conocen más que los de acá adentro. Tierra roja. Tierra en la que Caparros me hizo pensar mucho; mejor no compro le libro para no seguir amargándome…
Mejor lo compro…
miércoles 25 de junio de 2008
Habemus quilombum
Buenos Aires siempre soñó con ser una ciudad europea. Tal es así que en sus comienzos muchos gobernantes intentaron atraer a ciudadanos de la vieja Europa para que esto fuese un segundo Paris. Otros, recientemente, le cambiaron la zona horaria para que estuviese mas cerca de la zona horaria de Madrid que la de Santiago de Chile. Pero hace unos días Buenos Aires parece Londres, llena de una falsa niebla que no es más que el humo blanco de Roma cuando eligen nuevo Papa. En realidad, es humo proveniente del Delta que con la ayuda del viento nos enteramos, los porteños, que se están quemando pastizales. No se sabe bien si es para acelerar el cambio de pasturas o si es para generar malestar a los porteños y bonaerenses cercanos con respecto a la disputa que existe entre el gobierno y el campo.
Este humo si bien irrita la vista, seca la garganta y es terriblemente molesto para los asmáticos como yo, no impide que uno trabaje en su oficina por lo que decidí presentarme a trabajar. Pero por mi problema de salud ya mencionado me tomé un taxi.
El taxista tose mucho, esta con las ventanillas altas y solo las baja para fumar.
-Con este humo uno baja la ventanilla y ya se fuma la vida- Le bromeo
-El problema acá es que el humo se te mete y digan lo que digan, para mí, esto es toxico. Mira, yo hace diez años que estoy en esto y nunca me paso y no nunca me sentí así. Estoy re molesto, me duelen los ojos no se si de esforzarlos para ver mejor o de esta mierda que hay en el aire. Para colmo, me pica la garganta y no me puedo rascar ahí- El también bromea. Si problema es que todo lo que dice es verdad.
Como todo en estos días, la conversación gira en torno al humo y al conflicto K vs. Campo. Ya cruzando el obelisco uno suele ver desde Av. Corrientes el Bajo; en estos días uno ve que cuanto más se acerca al Bajo, menos ve el Bajo.
-Ves? Por ahí viene todo este humo- Me informa el taxista – Del Delta viene por ahí, agarra puerto madero y va subiendo para acá.- El tachero lo cuenta como si se tratase de algún famoso que hace su recorrido habitual en alguna lancha del Tigre. Sucede que el humo ya es un personaje famoso de un tiempo a esta parte.
En la oficina la conversación es la misma. La molestia que genera el humo, el olor asqueroso, la irritación de ojos y garganta, los problemas a futuro que puede traer.
Molesto, toxico, irritante o no habrá que esperar. Esperar que el viento cambie y que dejen de quemar los pastizales del Delta. En la tele solo piden que el viento cambie; total, si el problema no lo tengo yo el problema no existe. Otro pensamiento típico de Buenos Aires.
Este humo si bien irrita la vista, seca la garganta y es terriblemente molesto para los asmáticos como yo, no impide que uno trabaje en su oficina por lo que decidí presentarme a trabajar. Pero por mi problema de salud ya mencionado me tomé un taxi.
El taxista tose mucho, esta con las ventanillas altas y solo las baja para fumar.
-Con este humo uno baja la ventanilla y ya se fuma la vida- Le bromeo
-El problema acá es que el humo se te mete y digan lo que digan, para mí, esto es toxico. Mira, yo hace diez años que estoy en esto y nunca me paso y no nunca me sentí así. Estoy re molesto, me duelen los ojos no se si de esforzarlos para ver mejor o de esta mierda que hay en el aire. Para colmo, me pica la garganta y no me puedo rascar ahí- El también bromea. Si problema es que todo lo que dice es verdad.
Como todo en estos días, la conversación gira en torno al humo y al conflicto K vs. Campo. Ya cruzando el obelisco uno suele ver desde Av. Corrientes el Bajo; en estos días uno ve que cuanto más se acerca al Bajo, menos ve el Bajo.
-Ves? Por ahí viene todo este humo- Me informa el taxista – Del Delta viene por ahí, agarra puerto madero y va subiendo para acá.- El tachero lo cuenta como si se tratase de algún famoso que hace su recorrido habitual en alguna lancha del Tigre. Sucede que el humo ya es un personaje famoso de un tiempo a esta parte.
En la oficina la conversación es la misma. La molestia que genera el humo, el olor asqueroso, la irritación de ojos y garganta, los problemas a futuro que puede traer.
Molesto, toxico, irritante o no habrá que esperar. Esperar que el viento cambie y que dejen de quemar los pastizales del Delta. En la tele solo piden que el viento cambie; total, si el problema no lo tengo yo el problema no existe. Otro pensamiento típico de Buenos Aires.
martes 24 de junio de 2008
Será porque mi niñez sigue...
La primera experiencia significativa de lectura que tuve fue a los 5 años, y la recuerdo como el día de hoy.
Yo de chiquito soñaba con ser actor, y mis maestras me alimentaban el sueño en todos los actos del jardín dándome el personaje principal. Así fue que hice de San José en el pesebre viviente, de Belgrano el 20 de junio y de un par de actuaciones más que no recuerdo. Pero sorpresivamente, recuerdo el acto de San Martín en donde no fui el libertador que da nombre a las calles y avenidas más importantes de nuestro país. En ese acto yo leí un poema.
Recuerdo haberme puesto mal porque no encarnaba a San Martín, y creo que por eso (y porque a mis 5 años ya leía fluido) me dieron para leer un poema, que años después supe es una canción.
Ese acto me quedo grabado en la memoria, porque si cierro los ojos puedo ver el salón de actos lleno, tan lleno que no ubico a mis papás. Siento el miedo que me corre por el cuerpo y a mi “seño” no se si arengándome o apurándome con un “dale Mati, lee”. Me veo con el guardapolvos azul y rojo leyendo el papel impreso en una impresora antigua.
Tan memoriosa fue esa experiencia que mientras escribo me pareciera oír mi voz de niño, en aquel salón de actos, entonando: En un caballito blanco/mi abuelito me contó/ que un hombre cruzo los Andes/y a tres pueblos liberó./El hombre era correntino/ y se llamaba José/padre de una linda niña/que su Merceditas fue.
Yo de chiquito soñaba con ser actor, y mis maestras me alimentaban el sueño en todos los actos del jardín dándome el personaje principal. Así fue que hice de San José en el pesebre viviente, de Belgrano el 20 de junio y de un par de actuaciones más que no recuerdo. Pero sorpresivamente, recuerdo el acto de San Martín en donde no fui el libertador que da nombre a las calles y avenidas más importantes de nuestro país. En ese acto yo leí un poema.
Recuerdo haberme puesto mal porque no encarnaba a San Martín, y creo que por eso (y porque a mis 5 años ya leía fluido) me dieron para leer un poema, que años después supe es una canción.
Ese acto me quedo grabado en la memoria, porque si cierro los ojos puedo ver el salón de actos lleno, tan lleno que no ubico a mis papás. Siento el miedo que me corre por el cuerpo y a mi “seño” no se si arengándome o apurándome con un “dale Mati, lee”. Me veo con el guardapolvos azul y rojo leyendo el papel impreso en una impresora antigua.
Tan memoriosa fue esa experiencia que mientras escribo me pareciera oír mi voz de niño, en aquel salón de actos, entonando: En un caballito blanco/mi abuelito me contó/ que un hombre cruzo los Andes/y a tres pueblos liberó./El hombre era correntino/ y se llamaba José/padre de una linda niña/que su Merceditas fue.
martes 3 de junio de 2008
Hai! Watashi wa Matias desu
Mientras leía "Kimonos en la tierra roja" de Rodolfo Walsh se me venían imágenes de cuando estudiaba japonés. Una de esas locuras de la adolescencia que ayudan a abrirte la cabeza. Tambien fue una locura acerarse a una comunidad de extranjeros orientales que, “locamente”, vinieron a estas tierras. Bendita locura la de Walsh.
La propuesta que les hicieron era interesante. Tal como lo explica el cronista, a los “ponjas” les prometieron el oro y el moro (tenían que vender sus pequeños campos y acá les daban mas del 500% de tierras que poseían en su patria) a estos pobres japonesitos que cometieron el error que cometemos los hombres… creer a ciegas en las autoridades.
Abandonar Japón no fue nada fácil, definitivamente. La cultura “nipona” es muy fuerte, y es por ello que decidieron agruparse como una comunidad en Misiones, la “Colonia Lujan”. Con cuanta fe cruzaron el mundo para luego encontrarse con la triste realidad del engaño, un engaño claramente tramado por los gobiernos de Argentina y el Japón.
No es de extrañar que los orientales añoren con tanta fuerza su amado “Nihon”. En Japón si bien estas personas no eran adineradas, con sus labores lograban sobrevivir. Es triste la historia del señor Yamato, quien vino con esperanzas y ahora las vende al mejor postor; el tuvo que vender sus cámaras fotográficas, sus vehículos, hasta su radio, por eso el que conoce su historia entiende por que desea regresar a Japón con su familia. Esta es la realidad de todos, y aunque les cueste hablar español todos parecieran conocer la frase “si Misiones no ayuda colonia, levanta colonia.”
La pérdida de esta colonia es una perdida cultural y para muchos económica, porque algunos han encontrado la forma de subsistir a pesar de estos males, como por ejemplo la familia de Cesar, quien trabaja en al escuela de la colonia.
Sinceramente, no se que fue de la vida de la colonia Lujan. Es obvio que al terminar este escrito empezare a buscar información. Los invito a ustedes a empaparse de esta historia, que más que historia es una leyenda… como todas las historias del Japón.
La propuesta que les hicieron era interesante. Tal como lo explica el cronista, a los “ponjas” les prometieron el oro y el moro (tenían que vender sus pequeños campos y acá les daban mas del 500% de tierras que poseían en su patria) a estos pobres japonesitos que cometieron el error que cometemos los hombres… creer a ciegas en las autoridades.
Abandonar Japón no fue nada fácil, definitivamente. La cultura “nipona” es muy fuerte, y es por ello que decidieron agruparse como una comunidad en Misiones, la “Colonia Lujan”. Con cuanta fe cruzaron el mundo para luego encontrarse con la triste realidad del engaño, un engaño claramente tramado por los gobiernos de Argentina y el Japón.
No es de extrañar que los orientales añoren con tanta fuerza su amado “Nihon”. En Japón si bien estas personas no eran adineradas, con sus labores lograban sobrevivir. Es triste la historia del señor Yamato, quien vino con esperanzas y ahora las vende al mejor postor; el tuvo que vender sus cámaras fotográficas, sus vehículos, hasta su radio, por eso el que conoce su historia entiende por que desea regresar a Japón con su familia. Esta es la realidad de todos, y aunque les cueste hablar español todos parecieran conocer la frase “si Misiones no ayuda colonia, levanta colonia.”
La pérdida de esta colonia es una perdida cultural y para muchos económica, porque algunos han encontrado la forma de subsistir a pesar de estos males, como por ejemplo la familia de Cesar, quien trabaja en al escuela de la colonia.
Sinceramente, no se que fue de la vida de la colonia Lujan. Es obvio que al terminar este escrito empezare a buscar información. Los invito a ustedes a empaparse de esta historia, que más que historia es una leyenda… como todas las historias del Japón.
viernes 16 de mayo de 2008
Entre esos tipos y yo...
Antes que nada, bienvenidos! Arrancamos, un poco tarde, este blog con la idea de empezar este diario de viajero.
Si de viajes hay que hablar, mejor hacerlo con los cotidianos: Sucede que vivo en villa Devoto y trabajo en pleno microcentro, por lo que el medio más rápido para transportarme es el subte, específicamente la linea B. En este "hermoso" medio de transporte se vive diariamente una sensación bastante especial y muy significativa a mi entender. Viajando en subte en las horas pico uno puede sacar una radiografía de cómo vivimos. Entre el cansancio matinal y la triste rutina laboral se suele filtrar ese egoísmo arraigado que llevamos las personas, y se hace notorio cuando se pelean por el asiento, o el famoso "falso dormido" para viajar sentado y que otro le dé el asiento a la pobre viejecita. Tambien se filtra el sentimiento de superioridad. Los que visten de traje miran por encima del hombro a los que tienen la suerte de poder ir a trabajar en jean como uniforme.
El otro día, ya de regreso, me impactó la actitud de un compañero en la rutina que se encontraba en el asiento de enfrente. Como ya era tarde los chicos que te piden el diario o te ofrecen una mercancia a cambio de una moneda eran los que más circulaban por el pasillo del vagón. Este buen hombre se negaba a cuanto vendedor pasaba; algunos chicos antes de darte lo que tienen para vender te piden un saludo... esto tambien se lo negaba. Ya casi al final de mi viaje, subió un chico para hacer malabares; el tipo lo miraba desde su asiento de forma tal que me impactó más la cara del hombre que el mismísimo acto. Luego del pequeño show de destrezas del muchacho, el señor que estaba frente a mí le entregó unas monedas, se levantó del asiento y se fue... De inmediato me vino la imagen medieval del bufón. El chico habia servido de payaso para el viaje de este hombre, quien jugó a ser rey unos segundos. Saludar a los chicos que le ofrecían stickers a un peso no valía la pena, al igual que no tenía sentido regalarles "La Razon" a estos seres que después la venden vaya uno a saber con que fines... pero sí valió la pena en este viaje el pequeño malabarista, que con sus improvisadas bolas en el aire le permitio a este caballero confirmar su superioridad ¡Qué buen hombre! y para colmo le dio unas monedas...
Espero a lo largo de este viaje nunca jugar un rol como lo jugó este pobre hombre. Yo mientras tanto les dedico algún que otro tema de Serrat y los sigo observando riéndome de estas cotidianeidades... me rio para no llorar.
Si de viajes hay que hablar, mejor hacerlo con los cotidianos: Sucede que vivo en villa Devoto y trabajo en pleno microcentro, por lo que el medio más rápido para transportarme es el subte, específicamente la linea B. En este "hermoso" medio de transporte se vive diariamente una sensación bastante especial y muy significativa a mi entender. Viajando en subte en las horas pico uno puede sacar una radiografía de cómo vivimos. Entre el cansancio matinal y la triste rutina laboral se suele filtrar ese egoísmo arraigado que llevamos las personas, y se hace notorio cuando se pelean por el asiento, o el famoso "falso dormido" para viajar sentado y que otro le dé el asiento a la pobre viejecita. Tambien se filtra el sentimiento de superioridad. Los que visten de traje miran por encima del hombro a los que tienen la suerte de poder ir a trabajar en jean como uniforme.
El otro día, ya de regreso, me impactó la actitud de un compañero en la rutina que se encontraba en el asiento de enfrente. Como ya era tarde los chicos que te piden el diario o te ofrecen una mercancia a cambio de una moneda eran los que más circulaban por el pasillo del vagón. Este buen hombre se negaba a cuanto vendedor pasaba; algunos chicos antes de darte lo que tienen para vender te piden un saludo... esto tambien se lo negaba. Ya casi al final de mi viaje, subió un chico para hacer malabares; el tipo lo miraba desde su asiento de forma tal que me impactó más la cara del hombre que el mismísimo acto. Luego del pequeño show de destrezas del muchacho, el señor que estaba frente a mí le entregó unas monedas, se levantó del asiento y se fue... De inmediato me vino la imagen medieval del bufón. El chico habia servido de payaso para el viaje de este hombre, quien jugó a ser rey unos segundos. Saludar a los chicos que le ofrecían stickers a un peso no valía la pena, al igual que no tenía sentido regalarles "La Razon" a estos seres que después la venden vaya uno a saber con que fines... pero sí valió la pena en este viaje el pequeño malabarista, que con sus improvisadas bolas en el aire le permitio a este caballero confirmar su superioridad ¡Qué buen hombre! y para colmo le dio unas monedas...
Espero a lo largo de este viaje nunca jugar un rol como lo jugó este pobre hombre. Yo mientras tanto les dedico algún que otro tema de Serrat y los sigo observando riéndome de estas cotidianeidades... me rio para no llorar.
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